FUNDADORA
MADRE JUANA MARIA CONDESA LLUCH
Una joven valenciana que, interpelada por el Evangelio, guiada por el Espíritu y fortalecida por una intensa vida de oración, decide como María, la Virgen Inmaculada, entregarse incondicionalmente a la voluntad de Dios.
Con mirada contemplativa descubre en el mundo obrero femenino de su tiempo al Cristo Crucificado.
Con corazón inquieto y sensible hace suyos los gozos y las esperanzas, los sufrimientos y las tristezas, de quienes socialmente contaban tan solo como meros instrumentos de trabajo.
Libre de miedos y prejuicios abandona su acomodado status social y a ejemplo del Maestro, se da y da para que tengan vida.
Con voluntad firme hace frente a las dificultades y oposiciones que incluso eclesialmente encuentra, convencida de que su obra es obra de Dios.
Una vida breve pero intensa; apasionada por el Crucificado y los crucificados; cargada de silencios elocuentes, gestos de compasión y solidaridad, abierta a la gracia y atenta a los signos de la vida.
En herencia nos dejó: una Fe que se hace fuerte con el transcurso del tiempo, una Esperanza que sigue suscitando posibilidades, un Amor que late más allá de los límites de la muerte y reclama nuevas presencias, nuevas formas, nuevos retos, un talante de vida marcado por la humildad, la alegría, la laboriosidad y el amor…
Ver también:
