HOY

 

 

Juana María Condesa se interesó por las jóvenes obreras; buscó y descubrió una parte de la humanidad marginada y explotada que, tras la larga y dura jornada laboral, pasaba las noches en buhardillas, porterías o en las calles expuestas a múltiples peligros, privadas de lo necesario y de toda posibilidad de promoción. Ante esta acuciante situación, bajo la luz del Espíritu, abrió una casa para acoger a las obreras, proporcionarles lo más necesario y ofrecerles la posibilidad de promocionarse a todos los niveles; así como una escuela para los hijos de las obreras. Juana María se sintió llamada a dar acogida y dignidad al mundo obrero femenino de su tiempo y de todos los tiempos; en él descubrió de forma especial el rostro humano y sufriente de Dios. Desde entonces, la Fundación se fue consolidando y extendiendo a otros lugares, especialmente allí donde el mundo obrero reclama su presencia, hasta llegar a nuestros días. Es a este sector de la humanidad al que hoy seguimos dirigiendo prioritariamente nuestra misión evangelizadora allí donde nos encontramos; porque es en este mundo amplio y complejo del trabajo, con sus múltiples gozos y sombras, donde sentimos que Dios nos llama, desde nuestra Consagración Religiosa, como Congregación, a construir su Reino y a sembrar la semilla del Evangelio desde la acogida, el servicio, la entrega… compartiendo con sencillez y alegría aquello que gratuitamente hemos recibido.

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