Pensamientos
Nada ni nadie la pudo separar del amor de Cristo, manteniéndose firme en medio de las dificultades y transmitiendo esperanza a su alrededor.

“Yo y todo lo mío para las obreras.” Su respuesta a la llamada de Dios quedó condensada en esta expresión. Su espiritualidad encontró en ella su forma de encarnarse. Su peculiar silencio se hizo palabra. Su opción por los pobres tomó rostro concreto. Su Sí a Dios se convirtió en un Sí abierto al prójimo.
“Ser santa en el cielo, sin levantar polvo en la tierra.” No buscó privilegios, ni aplausos, ni reconocimientos; quiso seguir a Cristo desde el silencio y la radicalidad evangélica.
“Sólo las almas sencillas forman las delicias de María Inmaculada.” En María descubrió a la Mujer que canta las grandezas de un Dios que se encarna y nos confunde porque ensalza a quienes otros humillan.
“Señor, mantenme firme junto a tu Cruz.” Quiso ser fiel y el precio fue la incomprensión y los obstáculos aceptados con serenidad y firmeza.
“Todo don de Dios es bueno y tanto es de agradecer el pan duro como el blando.” Percibió la vida como don y se sintió libre ante las esclavitudes de este mundo.
“Es cosa que me parte el corazón el ver que no puedo hacer lo que haría a favor de los pobres si tuviese quien me ayudase.” Desde su opción por Cristo-Jesús los pobres fueron el centro de sus intereses y la hicieron salir de sí misma mendigando solidaridad.
“Aceptar y no pedir es el más santo sufrir.” “Excelente disciplina es hacer con alegría lo que más nos costaría.” Experimentó al Dios de la Vida; un Dios que quiere misericordia y no sacrificios (cf. Mt. 9, 13), que nos lanza una llamada a vivir gozosamente aún en medio de las dificultades .